A los treinta y un años, diez años después de aquellos ejercicios de meditación y danza por separado, impartí mi primera clase de lo que entonces llamaba Danzatao. Me apoyó Esther Galdón, una de mis primeras profesoras, la que tuve a los siete años.
Intenté varias veces implementar esta danza en Albacete, sin encontrar el lugar. Hasta que un día me acerqué a un evento en el Centro Sociocultural Saramago y descubrí a la Asociación de Gente del Haiku de Albacete, AGHA. En cuanto escuché aquellos haikus, sentí que podía danzarlos con mi propio lenguaje.
Se lo propuse a Alberto, un amigo que formaba parte de la asociación. Él me presentó a Toñi, la presidenta. Desde entonces soy bailarín de la AGHA, colaborando cada año en los Juegos Florales que se celebran en el Teatro Circo de Albacete.