Lo que vine a buscar.
Desde hacía tiempo le daba vueltas a la idea de renovar Colchonería Victoria, nuestra tienda de Albacete y la casa donde nació Colchón Natural. Me venía a la cabeza al abrir por la mañana y seguía ahí al cerrar por la noche. Quería apostar de verdad por los colchones naturales, los de lana, algodón y látex, materiales que la gente conoce de toda la vida y en los que confía sin necesidad de muchas explicaciones. Pero una decisión así no me veía capaz de tomarla delante del ordenador, pasando páginas de catálogos. Un colchón hay que probarlo, y a quien lo fabrica hay que mirarle a la cara. Por eso me fui a la Feria Hábitat València.
Me acompañó José Julio, de Embajada de Marca, la plataforma donde Colchón Natural tiene su ficha. Llegamos por la mañana y nos tocó hacer cola para validar el pase, rodeados de gente con la acreditación colgada y alguno con el café en la mano. Yo iba con ganas de entrar. Me había hecho a la idea de encontrarme los pasillos abarrotados y resultó que no. La gente estaba bien repartida por los pabellones y se podía caminar con calma, pararse en un stand y quedarse el tiempo que hiciera falta sin que nadie te empujara. Para alguien que va a tomar decisiones, eso se agradece mucho.
Hábitat València cumplía sesenta ediciones y este año compartía recinto con Textilhogar, Espacio Cocina SICI y 360 by Cevisama, que se estrenaba. Según la organización, había más de 1.200 marcas, la mayoría españolas, repartidas en más de 110.000 metros cuadrados. Era mucha feria, y yo tenía claro dónde quería pasar el tiempo.
Fuimos a la zona de descanso. Cada marca contaba lo suyo con mucho empeño, que si muelles con nombre registrado, que si espumas nuevas, que si tejidos con tratamientos especiales. Había cosas muy bien hechas, eso lo reconozco, pero yo buscaba algo más sencillo. Me paraba en los stands donde se hablaba de lana, de algodón o de látex, y preguntaba de dónde venían los materiales y cómo los trabajaban. Del precio ya hablaríamos más adelante.
Mientras andábamos me iba acordando de la gente que entra en la tienda. De la señora que se levanta con la espalda cargada, de la pareja joven que viene a comprar su primer colchón y no sabe ni por dónde empezar, del cliente que vuelve después de muchos años porque el anterior le salió bueno. Todo lo que yo eligiera en aquella feria iba a acabar en sus casas. Quería poder recomendárselo tranquilo, sabiendo que no les estaba vendiendo cualquier cosa.
La cita importante la teníamos en el Nivel 3 del Pabellón 1, con Ecus y Senttix, una empresa familiar de Yecla, casi vecina nuestra, que hace colchones desde 1975 y con la que trabajo desde hace tiempo. Cuando llegó la hora, subimos. Yo iba contento, con esa sensación de ir a ver a gente conocida.