← Embajada de Marca Embajada de Marca
embajadademarca
embajadademarca

Capítulo 2: La decisión de abrir un espacio

Durante un tiempo intenté conformarme. Me decía que ya hacía suficiente: encontraba la historia, la ponía por escrito, la entregaba con cariño dentro del informe final. Si el cliente después no sabía qué hacer con ella, no era responsabilidad mía. Yo había cumplido mi parte. Pero esa excusa se me quedaba cada vez más pequeña. Porque yo sabía, mejor que nadie, lo que se perdía. Había estado en la sala. Había visto la cara de Fran cuando por fin escuchó en voz alta que lo suyo era hacer reír a la gente. Sabía que ese instante valía muchísimo más que cualquier párrafo bonito que yo pudiera redactar sobre él. Y sabía que, en cuanto cerraba el documento, ese instante se quedaba sin ningún sitio adonde ir. Así que dejé de hacerme la pregunta de siempre —¿cómo cuento mejor estas historias?— y empecé a hacerme otra, más incómoda: ¿por qué no existe todavía un lugar donde estas historias puedan quedarse? No tenía la respuesta clara, pero sí tenía una intuición muy física de por dónde empezar: antes de construir nada en internet, quería ver si aquello funcionaba delante de gente de verdad, en una sala, en directo. Así nacieron los microforos. La idea era muy sencilla, casi ingenua vista desde fuera. Invitábamos a una empresa o a un artista a sentarse con nosotros en una mesa redonda, no a presentar su catálogo, sino a contar su historia. Lo mismo que yo llevaba años escuchando en privado, ahora podía ocurrir en voz alta, delante de un grupo reducido de personas dispuestas a escuchar de verdad. Recuerdo la primera vez que vi funcionar aquello desde fuera, ya no desde la silla del consultor, sino sentado a la misma mesa que todos los demás. Vi a la gente inclinarse hacia delante en su silla, reírse en el momento justo, quedarse en silencio cuando tocaba. La misma reacción que yo había sentido en mi despacho con Fran, ahora se repetía alrededor de una mesa con apenas doce desconocidos. Ahí entendí que no había sido un efecto raro de la consultoría. Era, sencillamente, lo que pasa cuando una marca deja de hablar de lo que vende y empieza a contar quién es. Seguimos haciéndolo. Uno, dos, cinco microforos. Hoy ya llevamos catorce, y cada uno ha sido, a su manera, una repetición cariñosa de aquel momento con Fran: dejar de hablar del negocio y empezar a contarse de verdad. Pero un microforo, por muy bonito que sea, tiene un límite que se me hacía cada vez más evidente. Ocurre una noche, alrededor de una mesa, delante de las doce personas que tuvieron la suerte de tener sitio. Al día siguiente, esa historia volvía a quedar guardada, esta vez no en mis diagramas de consultor, sino en el recuerdo de esas doce personas que habían estado allí. Y yo quería más que eso. Quería que la historia de Fran, o la de cualquier otra marca que hubiera pasado por mi despacho o por esa mesa, pudiera seguir viva mucho después de esa noche. Que alguien que no había podido ir pudiera encontrarla igual. Que no dependiera de estar en el sitio correcto en el momento correcto. Fue entonces cuando decidí que Embajada de Marca, la consultoría que había fundado en 2014, tenía que dejar de ser solo consultoría. No quería abandonar lo que ya sabía hacer —seguía siendo, y sigue siendo, el corazón de todo esto—, pero necesitaba construirle una casa a todas esas historias. Un lugar permanente, abierto, que no dependiera de que yo tuviera una hora libre en la agenda ni de que alguien pudiera coger un coche una noche de jueves para llegar a un microforo. Así nació embajadademarca.com. No lo decidí en una sala de juntas ni con un plan de negocio delante. Lo decidí, en realidad, cada vez que veía a un cliente descubrir algo precioso sobre sí mismo y no tener dónde dejarlo. Lo decidí un poco más con cada microforo, viendo cómo una mesa entera se enamoraba de una historia que hasta esa noche solo conocían cuatro personas. Lo decidí del todo cuando entendí que ya no quería ser el único lugar donde esas historias podían quedarse a salvo. Ese fue mi gesto: dejar de guardar las historias para mí, y abrirles, por fin, un sitio donde pudieran quedarse para siempre.







¿Quieres unirte a la conversación o ver más actividad de Embajada de Marca?

📋 Ver todos los capítulos
Scroll to Top