Cambiar el envase da miedo. Es lo primero que ve el cliente. Si lo tocas mal, deja de reconocerte.
En Empack Madrid, el 11 y 12 de noviembre en IFEMA, tres marcas cuentan cómo lo hicieron. Cada una por un motivo distinto.
Tío Pepe: ponerse al día sin dejar de ser Tío Pepe
Una marca histórica. El reto: hablar a gente más joven sin dejar de ser reconocible. Baud partió de lo que la marca ya era (el vino, la bodega, Jerez, el aperitivo, su manera de celebrar) y trabajó a la vez la estrategia, cómo habla la marca y su imagen. Lo cuentan el miércoles 11 a las 13:30.
Ambar: contar lo que sumas, no lo que quitas
La cerveza sin alcohol siempre se ha vendido por lo que le falta. La nueva de Ambar lleva probióticos, y su envase tenía que seguir pareciendo Ambar y cerveza, pero romper con los códigos de la categoría sin. Lo explica Batllegroup el jueves 12 a las 11:45.
Wetaca: el envase también es el producto
Wetaca cambió el envase de sus platos para que llegaran mejor a casa de sus clientes. Su co-CEO cuenta qué buscaban y qué cambió: en la comida, en cómo la vive quien la pide y en las cuentas. El jueves 12 a las 13:00.
Lo que tienen en común
Ninguna empezó por el diseño. Empezaron por lo que la marca es, o por lo que le pasa al cliente. El envase vino después.
En la misma sala, VICIO lo dice claro: para el cliente, el envase, el producto y la experiencia son lo mismo.